Talento invisible

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He tenido una muy agradable conversación con un antiguo alumno. Tiene menos de treinta años. Hemos hablado también de sus andanzas profesionales, claro.

Tiene personas a su cargo, un buen puñado. Rinde cuentas a un jefe. Asume responsabilidad de contrataciones y despidos. Trabaja con empleados con contacto con cliente final. Me contaba con pasión historias de su trabajo. Con razón, porque es un artista. Aprieta y exige. Habla claro y sincero con todos. Pero siempre con respeto. Y comprensión. Parece que no se sabe por qué, pero cuando él pasa, todos trabajan más y mejor. Y la empresa crece. Sus jefes no quieren soltarlo, lógicamente.

Este chico tiene un don, por supuesto. Como pocos. No lo tienen muchos de los buenos estudiantes que he conocido. Un don, talento en alto grado para ciertas acciones, decisiones; inteligencia social. Talento que corresponde a su personalidad, con ciertas actitudes en nivel de excelencia.

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Pero es un talento invisible, secreto. No hay trazas directas en su curriculum. Y mucho menos en su expediente académico. Su expediente académico habla de asignaturas y de notas. Habla por lo tanto de contenidos. El que sabe mirar también puede ver trazas de talentos. Pero se trata de talentos y capacidades todos ellos muy homogéneos: inteligencia teórica general, capacidad de análisis, de memorización, de relación. Allí él no está mal, pero tampoco deslumbra. Durante la carrera le interesaban más otras cosas que el memorizar contenidos.

Resulta que todos los talentos que refleja su expediente son irrelevantes para la empresa para la que trabaja. El que tiene nuestro amigo, y que busca la empresa, es invisible, porque ninguna evaluación en sus años universitarios conecta con esas habilidades.

Para mí esta invisibilidad es una de las manifestaciones de las limitaciones de nuestro modelo universitario. Un modelo que sigue creyendo con fe que su misión es transmitir y que acumulen conocimientos.
– Pues claro, Francesc, esa es la misión de la universidad. Meterse en serio en evaluación de habilidades y competencias nos convertiría en una academia, en una formación profesional.
No. Y bendita sería esa conversión. Cierto, no es tarea individual de un profesor, porque se trata de un proyecto coordinado de toda una facultad, que acaba implicando a cada docente.

Hola, estudiante universitario. Aprendiente. No esperes encontrar en las asignaturas y en las notas cuál va a ser tu talento profesional. Asume tú esa tarea desde el primer curso, porque no encontrarás mucha ayuda. No dejes que tu talento sea invisible también para ti. Lo tienes que identificar y desarrollar, porque es el que va a dictar tu pasión profesional.

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